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No temáis al buen vino… temed a la incultura del vino

Por Balbino Lacosta2 min de lectura

No temáis al buen vino… temed a la incultura del vino

Por segundo año consecutivo he estado presente en la Feria del Vino y de la Garnacha que, con muy buen criterio, organiza el Ayuntamiento de la muy noble y leal Zaragoza, en la frondosa y fresca arboleda del parque de Macanaz.

Durante tres días atendí el stand de la Bodega San Alejandro de Miedes, con la que distribuimos, entre otros vinos, las Garnachas de Baltasar Gracián:

Regionalista sin ojeras, español sin fronteras y aragonés universal.

El año pasado pasaron por la feria 40.000 personas. Este año se habla de 70.000.

¿Quién dice que el vino está en crisis?

Como mojón, tras más de cincuenta años dando catas de vino, vengo observando el crecimiento del público femenino por la cultura del vino.

Esto no es baladí.

En la reciente feria había que comprar una copa de vino y unos tiques para degustar los diferentes vinos que las bodegas de Aragón y las invitadas de Madrid ofrecían.

Nada de cerveza, Coca-Cola ni agua.

Tras tres días y medio pude constatar que un 60 % de los visitantes eran mujeres, mayoritariamente de entre 25 y 40 años.

Quiero hacer hincapié en este dato: público femenino interesado en el vino como cultura.

Beber menos, pero beber mejor. Saber lo que bebes.

Una vez más, tengo que reconocer que la anuencia del público femenino es guía de lo que viene.

Tiemblen, pues, los vinos que necesitan sifón o gaseosa, pues son los que están en crisis.

Tiemblen también las bodegas que, desnortadamente, pretenden atraer seguidores del vino sin alcohol o sin color.

Pan para hoy y hambre para mañana.

Educar, educar y no prohibir, damas y caballeros.

Había en la feria hambre de conocimiento del vino. Y no podemos ignorar el mundo que nos rodea.

Ya tenemos millones de españoles procedentes de otras culturas que no beben vino, por costumbre o religión.

Ya tenemos a los prohibicionistas y abstemios de toda la vida. En palabras de Machado:

«Miran, callan y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.
Mala gente que camina
y va apestando la tierra…»

Ya tenemos también a los nuevos jóvenes prescriptores del siglo XXI que van al gimnasio y presumen de no beber alcohol.

¿Hijos de la cultura del Mediterráneo, de la élas griega, donde la patria es el lugar donde se come con pan, vino y aceite?

¿O hijos de aquellos bárbaros de los que se cuenta, en una antigua tradición atribuida a Aristóteles, que bebían cerveza y, en su embriaguez, caían de espaldas, frente a quienes bebían vino y caían de frente?

No se trata de convertir el vino en una obligación.

Se trata de comprenderlo.

Educar, educar y no prohibir.

La intuición y la sensibilidad femenina vuelven a marcar el camino de la cultura del vino.

Beber menos, pero beber mejor.

Saber lo que bebes.

Porque el futuro del vino no pasa por esconderlo, desnaturalizarlo o convertirlo en algo que no es. Pasa por acercarlo a quienes quieren conocerlo, entenderlo y disfrutarlo con criterio.

Después de más de cincuenta años dando catas, sigo creyendo que el conocimiento es el mejor compañero del vino.

No temáis al buen vino.

Temed a la incultura del vino.

Balbino Lacosta Díez
Vinatero y mojón.

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