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El legado. 1897–2021

Por Balbino Lacosta2 min de lectura

El legado. 1897–2021

Desde 1897, los anaqueles de mi familia han transmitido, de generación en generación, el sentimiento y la pasión por el vino.

Cuatro generaciones de viticultores y bodegueros han querido comunicar, más allá de los tiempos, una intuición que sobrepasaba los conocimientos técnicos de cada época: la experiencia de la tierra que cultivaban y la capacidad de transformar un instinto primario en un placer refinado.

Durante lustros, mis antepasados fueron aprendiendo de la tierra, del vino y de sus propios sentidos. En este milenario devenir histórico, los criadores hemos ido dominando el medio hasta convertir esa experiencia en cultura.

Decía mi padre, Balbino, que solo cuando los pueblos son capaces de desvelar el misterio de la transubstanciación puede surgir una cultura.

Así, la civilización puede romper la rudeza del entendimiento y cruzar el umbral que conduce hacia el buen gusto.

El encuentro entre lo humano y el vino es el punto de partida desde el que trataré de difundir toda la cultura del cáramo que me han enseñado cuatro generaciones de mi familia.

En estas páginas de mi blog pretendo verter las sensaciones que me ha cedido esta herencia familiar: sus inquietudes, sus dudas, sus anhelos, sus logros y también sus fracasos.

Y, sobre todo, la impresión del legado como un vector transmisor y transgresor de todo aquello que el vino nos enseña, nos conturba y nos desborda; aquello que abre camino a las generaciones venideras.

Este maravilloso marchamo del legado me dejó profundamente marcado el día de mi primera cata, cuando fui bautizado como el cuarto mojón de la familia.

Al cumplir los siete años y realizar la Primera Comunión, mi abuelo, Don Balbino, abrió el sello lacrado de un tonel virgen de dos alqueces que había dispuesto para aquella ocasión el día de mi nacimiento, en 1956.

Había introducido en él la solera madre de la familia, de 1944, para mi iniciación como tastador.

Desde entonces, el vino y su cata han sido el espejo de mi vida.

Este es el legado que trato de transmitir.

Balbino Lacosta Díez
Vinatero y mojón.

En Cariñena, a 1 de enero del año del Señor de 2021, de la Era Cristiana.


La herencia sensorial y espiritual

Esta es, en esencia, la presentación y el encabezamiento de esta línea editorial: la herencia sensorial y espiritual de una cuarta generación de viticultores y bodegueros.

No se trata únicamente de hablar de vino. Se trata de transmitir aquello que cuatro generaciones han aprendido de él: la memoria de la tierra, el conocimiento nacido de la experiencia y las sensaciones que permanecen cuando el vino deja de ser solamente una bebida para convertirse en cultura.

Este es el punto de partida.

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