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Paremia: «Ni vino con espuma, ni mujer barbuda»

Por Balbino Lacosta2 min de lectura

Paremia: «Ni vino con espuma, ni mujer barbuda»

Hay refranes que guardan mucho más que una enseñanza popular: esconden pequeñas escenas de la vida cotidiana que, con el paso del tiempo, podrían desaparecer de nuestra memoria. Este es uno de ellos.

«Ni vino con espuma, ni mujer barbuda»

Recogido en Almonacid de la Sierra, este refrán fue recordado por doña Carmen Pandiur, quien, a sus 89 años, cuenta que lo escuchó de boca de su abuelo.


La expresión tiene su origen en una antigua práctica relacionada con la elaboración y conservación del vino. Durante las fiestas de su pueblo llegaban los comediantes y, entre ellos, había una mujer barbuda. Pero el refrán no se refería únicamente a aquella llamativa figura: también hacía alusión a una tarea que se realizaba periódicamente en los trujales.

En aquellos recipientes donde se conservaban los vinos se formaba en la superficie una especie de espuma o nata. Al principio, esta capa podía proteger los caldos del contacto con el aire, pero cuando aumentaba demasiado su grosor terminaba hundiéndose y podía contaminar el vino con bacterias.

Por eso, periódicamente se levantaban las tapas que protegían los trujales y se retiraban los yesos. Después, con un cedazo, se limpiaba cuidadosamente aquella espuma de nata que se había formado en la superficie.

La limpieza era importante también por otra razón. Se decía que la espuma impedía al vino «dar la cara»: no permitía apreciar su brillo y luminosidad, características que se consideraban una señal del buen estado y la salud del vino.

Y ahí aparece la comparación que dio lugar al refrán. De la misma manera que aquella espuma podía ocultar las cualidades del vino, la barba de aquella mujer que llegaba con los comediantes hacía difícil que pudiera destacar por sus encantos.

Doña Carmen todavía conserva en su memoria la imagen de su abuelo realizando aquella tarea, cedazo en mano, limpiando las natas de los vinos en los trujales.


Un recuerdo aparentemente sencillo que nos permite asomarnos a una época en la que el vino formaba parte de las labores, las conversaciones y las costumbres de cada pueblo. Porque detrás de muchos refranes hay historias como esta: palabras que han sobrevivido porque alguien las escuchó, las recordó y volvió a contarlas.


Paremias de la semana

«Paternostres y buen vino».

«Un azumbre de vino, tiene más palabras que el Calepino».

Dos expresiones más que nos recuerdan hasta qué punto el vino ha estado presente en el lenguaje popular y en la cultura cotidiana de nuestros pueblos.


Balbino Lacosta
Enólogo
Colaborador experto de Enolaria
Vinatero por la Gracia de Dios

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