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¿Cómo interpretar un crianza de Rioja Alavesa?: Lectura sensorial de Zuazo Gastón Crianza

Por Balbino Lacosta3 min de lectura

Lectura sensorial de Zuazo Gastón Crianza

En Enolaria creemos que aprender a catar un vino va mucho más allá de identificar si nos gusta o no.
Cada aroma, cada sensación en boca y cada matiz de color cuentan una parte de su historia.

En esta nueva entrega de La mirada del enólogo, Balbino Lacosta nos invita a descubrir cómo interpretar un crianza de Rioja Alavesa a través del análisis sensorial de Zuazo Gastón Crianza, un vino elaborado exclusivamente con Tempranillo..


El viñedo

  • Variedad: 100 % Tempranillo.
  • Orientación: Sur, siguiendo el desnivel de la Sierra de Toloño-Cantabria hacia el río Ebro.
  • Producción: 6.000 kg por hectárea.

Notas en nariz

El vino presenta una intensidad aromática media, limpia y fragante, donde la fruta madura y la crianza en barrica aparecen perfectamente integradas.

La fruta se expresa mediante recuerdos de fresa y frambuesa compotadas, acompañadas por delicadas notas de ciruela negra.

La madera acompaña sin imponerse, aportando sus fenoles y lactonas sin restar protagonismo a la expresión frutal.

Entre las notas especiadas destacan las vainillas, asociadas al isoeugenol.

Uno de los pilares aromáticos de este vino es el reconocimiento balsámico de la glicirricina, responsable del característico recuerdo a regaliz de palo que identifica a buena parte de los grandes Tempranillos de Rioja Alavesa.

Llegados a este punto, conviene detenerse unos instantes para recibir las sensaciones empireumáticas que transmite el delicado tostado de las duelas de la barrica.


Notas en boca

La entrada confirma inmediatamente la fruta madura, con predominio de la fresa y la frambuesa.

El vino avanza sostenido por una fresca acidez que marca el ritmo de la degustación y reafirma el recuerdo al regaliz de palo, uno de los rasgos que mejor diferencian los buenos Tempranillos de Rioja Alavesa de otras zonas riojanas.

Buscaremos el equilibrio entre el dulzor —procedente de la fructuosidad y del tenor alcohólico—, la acidez, la ligera astringencia y el amargor final.

La punta de la lengua recibe primero la calidez del vino, mientras los termorreceptores perciben la suavidad del alcohol y de la fruta madura.

La acidez se instala después en los laterales de la lengua, aportando frescura durante todo el recorrido.

El fondo apenas reconoce amargores, sobresaliendo los recuerdos de los taninos procedentes de la crianza en barrica.

En el epitelio bucal se produce el encuentro entre los taninos de la uva y la mucina de la saliva.

El vino abandona la boca con finura, alejando la aspereza y la sequedad, resolviendo el paso de boca de manera untuosa y dejando patente el cuidado de su crianza.

Su cuerpo mantiene un equilibrio sencillo y elegante, donde el alcohol y el glicerol suavizan la acidez y armonizan las sensaciones tánicas.


El equilibrio térmico

El vino completa su expresión mediante un agradable contraste de sensaciones:

  • Suave y fresco en la entrada, transmitiendo sedosidad.
  • Suave y cálido al tragar, dejando una sensación de terciopelo.

Las notas violáceas de su color indican un buen estado evolutivo y una prometedora longevidad.


También importa el mantel

Balbino recuerda un detalle que suele pasar desapercibido: el color del mantel influye en nuestra percepción visual del vino.

  • Los manteles blancos o azules resaltan su carácter jovial.
  • El verde ensucia visualmente el color del vino.
  • El beige acentúa su aspecto envejecido.
  • El rojo rejuvenece su apariencia.

El vino forma parte de la cultura española y, tomado con moderación, sigue siendo —en palabras de Louis Pasteur— «la más sana e higiénica de las bebidas».

Si deseas conocer más sobre el vino analizado en este artículo, puedes descubrir todos sus detalles en la ficha de Zuazo Gastón Crianza, disponible en la tienda de Enolaria.


Balbino Lacosta
Enólogo
Colaborador experto de Enolaria
Vinatero por la Gracia de Dios


«Dame vino moro y no bautizado».

Expresión de la Edad Media que ponía en duda la honradez del tabernero, aludiendo a la mala costumbre de aguar el vino.

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