La opinión del enólogo
Balbino Lacosta
Enólogo de EnolariaNuestra herencia cultural de nuestro pasado greco romano nos ilustra sobre el nombre de este vino.
Distingamos entre Evohé y Evodia.
Evodia, es la voz tranquila y sosegada del griego «Eudos», que significa la fragancia que transmite la pulcritud del alma y que nos dispone hacia un viaje próspero y fácil de transitar.
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Por el contrario, Evohé, (valor hijo mío), revela el grito de ánimo del padre Zeus, el dios del vino, mientras éste se enfrentaba a los Gigantes del Olimpo, transformado luego en el lujurioso canto de las bacantes en sus orgías.
El vino formaba parte de las ceremonias del mundo griego y romano.
Los viñedos de Evodia, se cultivan en Atea a más de mil metros de altitud, muy cerca de la romana Bilbilis (Calatayud), sobre un terreno arcilloso, calcáreo y de esquisto. Forman laderas con un bello color rojizo.
Son viñedos viejos plantados en vaso a Marco Real, formando rengles de 2,20 por 2,20 metros.
Sufren una fuerte exposición solar, más de 2.50O horas y una escasa pluviometría.
El vino forma un buen tirabuzón cuando se entrega a la copa, ofreciendo un vestido obscuro morado.
La nariz recoge el entorno de la flora que le rodea, notas de agavanzo, rosa canina, garrabera, zarzamora de monte y escaramujo.
Como corresponde a las cepas viejas, de escasa carga, recogemos el primer impulso en boca para intenso y envolvente.
Deberemos pronunciarnos a partir del segundo emboque, cuando la Garnacha comienza a devolver la salivación que ha robado inicialmente e inunda la boca con una gran fructuosidad, que baña nuestros labios.
Nos ofrece las tildes de la cereza dulce, entre espacios minerales con una enorme y fina capa de taninos.
El paladar sustenta un leve guiño a su 10% de barrica.
Su recorrido bucal, nos deja el recuerdo de la glicirricina, el regaliz de palo, señal evidente de la savia metamorfoseada por las largas raíces de las cepas viejas.
Una Garnacha exclusiva que nos devuelve a un paraje duro y silvestre.




