La opinión del enólogo
Balbino Lacosta
Enólogo de EnolariaPasé largos veranos de mi adolescencia en Durbach, el distrito vinícola de Ortenau, en la región de Baden - Wüttemberg.
De la mano de mis amigos alemanes, conocí las sutiles diferencias entre las diferentes morfologías de la más femenina de las uvas alemanas.
Para aprehenderla es preciso que seamos conscientes de una triple rivalidad:
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El Rin y el Mosela.
Alsacia (Francia) y Baden - Wüttemberg (Alemania).
Gewürztraminer y Traminer. Cuidado: dos uvas diferentes.
La Historia se pierde en el paso del tiempo, y cuenta que fueron Cruzados italianos los que trajeron a Alemania la uva Traminer, procedente del Tramino, el Alto Adigio del Tirol italiano, sobre el siglo X, después de Xto.
La Gewürztraminer es la variedad floral por excelencia.
Al verterla en la copa, muestra una nota sobreelevada de amarillo de patena, pues siendo sus borfollos rosados, la reviste de un tono gualda, que lima su transparencia.
Al aproximar la nariz en la copa, atravesamos un umbral húmedo de amanecer lluvioso, con tildes almibarados, donde nos esperan las notas florales mojadas de rosa, geranio y clavel.
Moviendo el cáliz de la copa, más calmado el vino, exhala una nota almizclada y embriagadora, la reseda, mientras emana la flor de acacia, la flor de la corona de espinas de Xto., nuestro Señor, acompañado del aroma de magnolia.
Es un osmanto de fililí, de delicadeza femenina, que nos recuerda el discreto paso de una dama por una estancia, donde sólo su aroma refleja su presencia.
Tomémonos tiempo, para disfrutar de este embriagado aluvión de aromas florales.
Sin dejar enfriar la copa, obliguemos de nuevo a la muñeca, para que nos revele las frutas:
de nuevo la nota almibarada, desfila delante de la cereza húmeda, el lichi y nos regala con el albaricoque, más sutil que el melocotón.
El perfume de las hadas, que dicen los alemanes, que no conocieron el aroma español de las mujeres andaluzas como la Carmen de la ópera de Bizet, que escondía la flor del albaricoque Entre los pliegues de su falda.
Los ecos de sus nenúfares se expanden y dejan paso a la fruta tropical. Mango y la fruta de la Pasión, el maracuyá.
Las sensaciones en boca quedan eclipsadas por la finura e intensidad del elenco floral.
El paladar recoge la impresión acuosa y floral, al ritmo del almíbar y se termina entregando sin ninguna inquietud ácida.
En la Gewüztraminer, el Mosela vence al Rin, pues el padre Rin (Vater Rhein), inquieta, amenaza con su brazo; el Mosela, el más francés de los ríos alemanes, sosiega.
La Gewürtraminer es una uva más diminuta que la Traminer.
Más patricia que plebeya, menos productiva y mucho más olorosa que su hermana.
El Mosela se encuentra con el Rin en Constanza; el anhelo, la excitación germánica, del Rin, es tranquilizada por el Mosela.
El Rin, embriaga; el Mosela serena.
El Rin empuja a la lejanía; el Mosela, frena, apacigua.
En Aragón, en la década de los ochenta se plantaron los primeros esquejes.
Era incierto su futuro. 2.500 horas de sol, frente a 800. ¿Se quemarían sus aromas?
La uva ha desarrollado unos matices muy personales y distintos de los germanos – alsacianos, y nos ha abierto un nuevo universo organoléptico.
Debe enfriarse entre 8 y 10 grados.
En la elección del mantel, le favorece sobremanera el beige.
Le va muy bien el paja y el amarillo pálido, así como el blanco y el verde.
El azul, lo mancha de verde y el rojo lo destruye, haciéndolo parecer cobrizo y sucio.
Con mantel salmón, parece oxidado.
Ideal con un foie fresco a media tarde.




