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Enolaria, inicio
Botella de Teófilo Reyes Reserva, D.O. Ribera de Duero

Teófilo Reyes · D.O. Ribera de Duero

Teófilo Reyes Reserva

29,04 €750 ml · 14% vol

A la vista es limpio, de color cereza granate. En nariz aromas a fruta madura, minerales, balsámicos, que aumentan en intensidad al Madera mover la copa. En boca posee buena estructura, con taninos redondeados. Aparecen torrefactos y tostados; cacao, especias (vainilla, clavo)

Formato
1
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Variedades
Tempranillo 100%
Elaboración
28-32 meses en barrica bordelesa de roble francés nueva

Ficha de cata

Teófilo Reyes Reserva

D.O.
Ribera de Duero
Uva
Tempranillo
Alcohol
14%
Servir
16–18 °C

La opinión del enólogo

Balbino Lacosta

Enólogo de Enolaria

Don Teófilo Reyes fue el gran profesor e impulsor de la Escuela de Enología de la Ribera del Duero.

La calidad de sus vinos le llevó a ser el primer vino nacional que recibió 99 puntos Parker.

A su muerte, la bodega fue adquirida por una bodega familiar riojana, Zuazo Gastón de Oyón.

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Este reserva, parte de un viejo viñedo plantado en vaso, en un terreno arcilloso calizo, mecido por el frescor de la caliza, cosa que es muy de agradecer en los territorios castellanos del Cid Campeador:

«Al destierro con doce de los suyos, polvo sudor y hierro, el Cid Cabalga».

Las condiciones climáticas de Peñafiel y Pesquera son fieles reflejos de la austeridad castellana.

Marcan la evolución de la Tempranillo riojana a las condiciones extremas de la meseta castellana.

Con mucho más sol, con más frío y con menos lluvia, los borfollos (la piel de la uva), toman más grosor para protegerse de la dureza del sol y evolucionan morfológicamente hacia el Tinto Fino.

Las notas pulverulentas de la caliza aliviarán su desarrollo, protegidas antiguamente con la bima, acción de pasar la bimadora (una tabla con los machos), para cubrir de polvo el grano de uva, en la vieja creencia de proteger y ayuda a madurar el fruto.

La vendimia manual introduce las uvas directamente en barricas donde se vinifican.

Barricas de roble francés nuevo, donde el vino se cría unos 30 meses, para pasar a afinarse en el sueño silencioso del cristal.

Cuando lo vertemos en la copa, exhibe un intenso granate obscuro que avisa de su poderío.

Fruta madura que revela la ciruela negra madura, con rescoldos de vainilla y clavo.

La mina de lápiz y el grafito se relevan en protagonismo para dar cuenta de su mineralidad.

La clase de la barrica de roble francés destila la savia curtida y balsámica, con tildes de tinta china.

Sus tostados y torrefactos, imprimen un recorrido sostenido y lineal en la lengua distanciando las cesiones de los taninos vegetales de la madera con los frutales.

Es un cáramo no apto para imberbes, sino para paladares educados, que disfruten con la elongación de las sensaciones hedonistas del vino.

Para amigos que saben disfrutar de buenas viandas y de esa larga conversación que impulsa a regar otra botella.

Las carnes son su armonía perfecta.

La franqueza del lechazo y del ternasco sus parejas de baile.

Disfrutemos aún más con manteles rojos que lo rejuvenecen y el rosa y salmón que fortalece su pigmento e intensifica los rubíes.

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