
Por Balbino Lacosta
En Enolaria solemos decir que un buen vino merece ser disfrutado sin prisas. Pero, ¿Sabemos realmente cómo degustarlo?
En esta entrega de La mirada del enólogo, Balbino Lacosta comparte un sencillo decálogo que reúne los gestos fundamentales para apreciar un vino con todos los sentidos. No hace falta ser un experto: basta con observar, oler, saborear… y dejar que el vino hable.
Diez indicaciones para disfrutar de una copa de buen vino
1. Elija la copa adecuada
Disponga de una copa de cristal transparente, preferiblemente con forma de pera. Su diseño favorece la concentración de los aromas y permite apreciar mejor la evolución del vino.
2. Sirva el vino a la temperatura correcta
Cada tipo de vino expresa mejor sus cualidades dentro de un rango de temperatura:
- Tintos jóvenes, roble, crianza y reserva: entre 15 y 20 °C, según su estilo.
- Rosados y claretes: entre 10 y 12 °C.
- Blancos: entre 9 y 11 °C.
- Cavas: entre 7 y 9 °C.
- Vinos dulces: entre 4 y 6 °C.
3. Sirva el vino con suavidad
Escancie el vino manteniendo una distancia aproximada de cuatro dedos sobre el borde de la copa.
4. Observe antes de beber
Fíjese en la formación de la burbuja —si la hubiera— y en el color del vino. La vista ofrece las primeras pistas sobre su personalidad.
5. Primer contacto con los aromas
Huela el vino dos o tres veces con la copa inmóvil, sin agitarla.
Los aromas más delicados se perciben mejor en este primer instante.
6. Despierte el vino
Sujete la copa por su base y remuévala suavemente con el pulgar y el índice.
Este movimiento favorece la liberación de los aromas y permite descubrir una mayor complejidad aromática.
7. Observe el color con atención
Incline la copa unos 45 grados sobre una superficie blanca.
Así podrá apreciar con mayor precisión los matices cromáticos y la evolución del vino.
8. Prepare el paladar
Tome un primer sorbo para disponer la boca y acostumbrar el paladar.
9. Deguste sin prisas
En el segundo sorbo, mantenga el vino en la boca entre ocho y diez segundos.
Permita que contacte con todas las zonas de la cavidad bucal: labios, dientes, encías, paladar y las distintas partes de la lengua.
Solo entonces el vino comenzará a expresar plenamente su equilibrio y estructura.
10. Descubra el buqué
Trague el vino.
En ese instante, la presión de la glótida impulsa la retroolfacción, permitiendo identificar el buqué, uno de los momentos más fascinantes de la degustación.
Degustar un vino no consiste únicamente en beberlo, sino en concederle el tiempo necesario para que revele todo aquello que la viña, la tierra y la elaboración han depositado en él.
Porque una copa bien disfrutada siempre cuenta una historia.
Balbino Lacosta
Enólogo
Colaborador experto de Enolaria
Línea editorial: La mirada del enólogo
Vinatero por la Gracia de Dios
