
Por Balbino Lacosta
Hoy damos por hecho que una botella de vino tiene 75 centilitros. La vemos en las mesas, en las vinotecas, en los restaurantes y en las cajas de seis o doce unidades. Pero ¿por qué exactamente 75 cl?
Alrededor de esta medida han circulado durante años varias explicaciones: que era la capacidad que podía alcanzar el vidrio al ser soplado, que correspondía a una cantidad adecuada para consumir durante una comida, que era la medida más apropiada para conservar el vino o que facilitaba su transporte.
Sin embargo, la historia es bastante más curiosa.
La normalización de la botella de 75 centilitros se produjo en el siglo XIX y tiene su origen en el comercio del vino entre Francia e Inglaterra.
Cuando el vino francés viajaba a Inglaterra
Inglaterra era entonces uno de los principales mercados para los vinos franceses, especialmente los procedentes de Burdeos. El problema era que ingleses y franceses utilizaban sistemas de medidas diferentes.
La unidad de volumen inglesa era el galón imperial, equivalente a 4,54609 litros.
Para simplificar las conversiones, los comerciantes franceses comenzaron a transportar el vino de Burdeos en barricas de 225 litros. Esa cantidad tenía una equivalencia muy sencilla para el mercado inglés:
1 barrica = 50 galones = 300 botellas de 75 cl.
Y todavía podemos simplificar más:
1 galón = 6 botellas de 75 cl.
Así, una medida comercial terminó convirtiéndose en una medida que ha perdurado hasta nuestros días.
¿Y por qué seguimos comprando cajas de seis o doce?
Aquí encontramos una curiosa herencia de aquella antigua forma de hacer las cuentas.
Si un galón equivalía a seis botellas, la agrupación de seis unidades tenía una lógica comercial. Y el doble, doce botellas, también se convirtió en una presentación habitual.
Por eso, cuando hoy encontramos una caja de seis o doce botellas, estamos viendo, en cierta manera, el eco de una historia comercial que comenzó hace siglos entre los viñedos franceses y el mercado inglés.
La próxima vez que tengas una botella de 75 cl delante, recuerda que su tamaño no nació simplemente de la comodidad para beber vino.
Detrás de esos 75 centilitros hay una historia de comercio, medidas y conversiones entre dos países.
Y es que hasta una botella de vino puede guardar una buena historia.
Balbino Lacosta
Enólogo
Colaborador experto de Enolaria
Vinatero por la Gracia de Dios
